Los muertos no reconocidos en la ultimas semana en Venezuela por protesta contra maduro

Los muertos no reconocidos en la ultimas semana en Venezuela por protesta contra maduro. Kenyer Aranguren, de 20 años, falleció durante los saqueos que se produjeron la noche del 20 de abril en el barrio caraqueño de El Valle. Pero su muerte no está registrada en los partes de la Fiscalía. ¿Cuántas muertes, como la de él, no han sido reconocidas por el Estado?.

CARACAS, Venezuela.- A Kenyer Alexander Aranguren Pérez lo velaron el viernes en la funeraria Memorable y este sábado lo enterraron en el Cementerio General del Sur. Tenía 20 años, estaba desempleado, nunca terminó la secundaria y murió durante los saqueos ocurridos entre la noche del 20 y la madrugada del 21 de abril en la barriada popular de El Valle en Caracas.

Pero dos días más tarde de su fallecimiento, su nombre sigue sin aparecer en el registro oficial que lleva el Ministerio Público de las muertes ocurridas durante los disturbios y protestas contra el presidente Nicolás Maduro que paralizan el país desde principios de abril.

Y los vecinos y trabajadores de los negocios desvalijados sospechan que al menos tres personas más —tres menores de edad, según versiones extraoficiales en las que no se les identifica— también fallecieron en los saqueos y que su muerte se mantiene invisible para la opinión pública. Después de la oleada de allanamientos que la policía ejecutó en el barrio al día siguiente de la revuelta, muchos de ellos —incluyendo a los familiares más cercanos de algunas víctimas— se privan de hablar abiertamente por temor a represalias.

El Valle comenzó siendo una parroquia de súperbloques de clase media, que se fue rodeando de barriadas pobres de arcilla y latón a las que se accede a través de caminos intrincados que se elevan montaña arriba. Está ubicada en la entrada suroeste de la capital, justo al frente del Fuerte Tiuna, el complejo militar más importante del país, donde se encuentra la residencia presidencial de La Viñeta que ocupan Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores.

De adolescente, Maduro trabajó en una heladería de El Valle, con amigos del barrio fundó un grupo de rock y al igual que otros dirigentes de primera línea de la revolución, vivió allí a finales de la década de los años ochenta, durante sus tiempos de dirigente sindical. Como otras zonas empobrecidas de Caracas, ésta se contó siempre entre los seguros baluartes del chavismo.

Las dos últimas elecciones, regionales y parlamentarias, en las que se impusieron los candidatos de la oposición, dejaron claro que esa correlación estaba cambiando como consecuencia del descontento que la escasez, la inflación desbocada y la inseguridad callejera ha sembrado entre los vecinos.

Los desórdenes del día 20 abril comenzaron a las 9:00 de la noche, precisamente con un “cacerolazo” de vecinos que demandaban la renuncia Maduro. Y pasada la medianoche, a la protesta le siguieron los saqueos y la intervención de la policía, de los soldados de la Guardia Nacional y de los “colectivos”, que es como llaman en Venezuela a los grupos paramilitares al servicio del chavismo.

Pero nadie puede precisar con certeza a quién se enfrentaban las fuerzas del gobierno: si a las bandas de hampones que operan en la zona y que estarían pescando en río revuelto, como sugiere una de las versiones sugeridas por los medios de comunicación afines al gobierno; o a una poblada de gente empobrecida que buscaba comida en los mercados y panaderías, donde se vende a precio de mercado negro los productos regulados que escasean en todo el país.

Lo que sabe su familia es que Kenyer murió electrocutado dentro de una panadería saqueada, a una cuadra de la casa donde viven su abuela y su tía. Su madre lo encontró muerto, tirado en medio de la calle, a las 2:00 de la madrugada del día 21, luego de que se libró en el barrio una batalla campal, con disparos y bombas lacrimógenas.

De acuerdo a la versión de la Fiscalía, controlada por el gobierno de Maduro, 11 personas fallecieron en los disturbios que se suscitaron la noche del 20 de abril en El Valle. “Unas víctimas murieron electrocutadas y otras por heridas de arma de fuego”, informó el viernes Ministerio Público a través de un comunicado.

Los primeros ocho supuestamente recibieron la descarga eléctrica cuando trataban de robar una nevera industrial ubicada en la panadería donde encontraron muerto a Kenyer Aranguren. Los tres restantes recibieron impactos de bala y aún no se sabe quién les disparó. Entre una decena de testigos consultados por Univision Noticias, ninguno logró ver cuando la policía se llevaba los cadáveres.

“No dejaban que uno se asomara a ver qué era lo que pasaba, cuántos muertos sacaban (de los locales saqueados)”, dice Xiomara Pacheco, la tía Kenyer, que vive a una cuadra del lugar donde murió su sobrino.

“Quiero que me comprueben cuántos muertos hubo en realidad porque aquí en Venezuela hay muchos muertos que uno no sabe. Esto es una guerra civil. Usted no puede salir porque si (a cualquiera) le da la gana lo roban y si quieren, lo matan”.

¿Otro Caracazo?

El relato que hacen los vecinos de El Valle de la noche de los saqueos es el de una batalla campal.

“Eso era plomo y más plomo. Lanzaban bombas lacrimógenas a las casas. Era horrible”, cuenta un residente de la calle Cajigal de El Valle, donde fueron desvalijados tres decenas de negocios.

Algunos de estos negocios lucían como fortalezas, resguardados con múltiples candados y santamarías de hierro sólido, en un intento de sus dueños por tratar de burlar la inseguridad. Pero los saqueadores echaron todo abajo y se cargaron con enseres y mercancías.

“No pasaba algo así desde (los tiempos) de Carlos Andrés Pérez”, dice un comerciante de 55 años que regenta un puesto de verduras, refiriéndose a la revuelta social conocida como El Caracazo, que estalló a finales de febrero de 1989.

Habían transcurrido pocas semanas desde que el presidente Pérez asumió su segundo gobierno, en medio de una severa crisis económica que algunos analistas comparan con la actual: las reservas internacionales estaban agotadas, el Estado acumulaba una deuda externa que no estaba en capacidad de honrar y la escasez mermaba los anaqueles.

Las amas de casa hacían, en promedio, cinco horas de filas para comprar dos potes de leche popular; una espera que palidece ante los plantones que hoy deben hacer los venezolanos para volver a casa con las manos vacías.

Frustrados y enfurecidos por las medidas económicas aprobadas por Pérez, enjambres de personas cargaron contra las panaderías, supermercados y almacenes en barriadas como El Valle y a cada una llegó un convoy militar, dispuesto a contener la furia con balas. Centenares de venezolanos murieron entonces a causa de la represión; el Estado solo admitió la muerte de poco más de 250 y fue condenado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

“El Caracazo fue la chispa que encendió el motor de la revolución bolivariana”, aseguró el presidente Hugo Chávez en 2010, durante un acto en honor a las víctimas de entonces.

“Tienen a un presidente que jamás va a permitir que la burguesía dispare sus odios en contra del pueblo”, prometió Chávez en aquel discurso, pronunciado precisamente en la calle 14 de El Valle, donde el otrora sindicalista Nicolás Maduro vivió durante varios años con su primera esposa.