A medida que pasan los días, se van conociendo más detalles sobre la última prueba nuclear de Corea del Norte, con la que el joven dictador Kim Jong-un volvió a atemorizar al mundo el pasado domingo. Con más de 100 kilotones, dicho ensayo fue más potente que todos los anteriores juntos y provocó «unos corrimientos de tierra en la montaña donde tuvo lugar la explosión que no se habían visto en las cinco pruebas previas».

Gracias a imágenes por satélite, así lo ha descubierto el reputado portal de internet 38 North, dirigido por el Instituto de Estados Unidos y Corea en la Universidad Johns Hopkins. Dichas fotografías muestran «numerosos deslizamientos a lo largo de todo el silo nuclear de Punggye-ri y más allá», detalla el análisis, firmado por tres prestigiosos expertos: Frank Pabian, Joseph Bermudez y Jack Liu.

Localizada en uno de los túneles horadados en el Monte Mantap, que tiene 2.205 metros de altitud, la detonación desató dos fuertes terremotos: uno de magnitud 6,3 y, minutos después, otro de 4,1. Este segundo seísmo ha hecho sospechar a algunos sismólogos que hubo un derrumbe en alguno de los túneles de la montaña, lo que habría provocado un cráter por el que podría salir la radiactividad a la atmósfera.

Pero, a tenor de las imágenes disponibles, el informe señala que «no parece haber ninguna evidencia de un cráter por derrumbe, como había sugerido el temblor después de la prueba». Por su parte, la Comisión para la Seguridad Nuclear de Corea del Sur tampoco ha detectado partículas radiactivas ni en el aire ni en la tierra tras el ensayo, informó la agencia Yonhap.

A la espera de imágenes con mayor resolución, es imposible saber si los corrimientos de tierra han sepultado o dañado los edificios en la falda de la montaña. Pero no cabe duda de que la explosión ha sido la más fuerte de Corea del Norte hasta ahora. Calculada en proporción a los temblores que desencadenó, oscila entre los 50 kilotones que le otorga el Ministerio de Defensa de Corea del Sur, los más de 100 de 38 North y los 120 que estima Japón. Eso significa que el artefacto detonado por el régimen es ocho veces más potente que la bomba atómica lanzada por EE.UU. sobre la ciudad nipona de Hiroshima al final de la II Guerra Mundial, que dejó 160.000 muertos.

Además, supera a la suma de las cinco pruebas anteriores de Corea del Norte, que fueron de medio kilotón en 2006, siete en 2009, doce en 2013 y once y diecisiete, respectivamente, en enero y septiembre del año pasado.

A tenor de los expertos, tanto la magnitud de la explosión como sus temblores son compatibles con el ingenio que Pyongyang asegura haber detonado: una bomba de hidrógeno o termonuclear, mucho más fuerte que un arma atómica. Aunque el régimen de Kim Jong-un proclama que puede montar dicha bomba en uno de sus misiles intercontinentales, que ya fueron probados en julio y en teoría pueden recorrer 10.000 kilómetros, los analistas dudan de que tenga la tecnología para ello.

Escudo antimisiles

Pero es solo cuestión de tiempo porque Corea del Norte ha avanzado notablemente en su programa nuclear y de misiles. Así lo demuestran sus recientes ensayos balísticos con cohetes capaces de salir al espacio y regresar luego a la atmósfera sin desintegrarse, lo que les permitiría volar miles de kilómetros y tener a tiro no solo Japón, sino también las islas estadounidenses de Guam y Hawái y algunas ciudades como Seattle, Chicago o Nueva York. En julio, Pyongyang probó con éxito dos de estos misiles intercontinentales, denominados Hwasong-14, y la semana pasada disparó otro de rango intermedio, un Hwasong-12, que sobrevoló Japón e hizo saltar todas las alarmas.

Como el propio Kim Jong-un anunció que dichos proyectiles son solo «el inicio de una operación militar en el océano Pacífico», Corea del Sur ha acelerado el despliegue del escudo anti-misiles que EE.UU. ya había empezado a instalar en su territorio.