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Hillary Clinton y el Partido Demócrata financiaron la investigación sobre Trump y Rusia

La investigación a Donald Trump por la presunta connivencia con Vladímir Putin en la elección presidencial ha sufrido un serio revés, al menos de credibilidad. En medio de las pesquisas que llevan a cabo el Departamento de Justicia y el Congreso, ayer irrumpió la noticia de que el principal dosier que sustenta la llamada trama rusa fue cofinanciado por la campaña de Hillary Clinton y por el Partido Demócrata, durante los meses previos a la elección presidencial. El trabajo de campo, encargado a una agencia de investigación, incluyó la contratación de Christopher Steele, un exagente del servicio de inteligencia británico, quien recopiló la información.

El documento concluye que el Gobierno ruso recopiló información comprometida para Trump y que Putin se implicó para alterar el resultado de la elección. La teoría de fondo del dosier se basa en un supuesto chantaje al candidato republicano, para el que Moscú habría utilizado grabaciones e imágenes de supuestas estancias del hoy presidente en hoteles de la capital rusa, con la presencia de mujeres. Una información no confirmada por las distintas fuentes de la Inteligencia estadounidense consultadas por los periódicos, motivo por el que sólo un medio digital de segundo nivel dio cuenta del contenido del informe.

El relato que socava desde ayer la investigación contra Donald Trump, todavía sujeto de un posible «impeachment» (juicio político) según los demócratas, responde fielmente a uno de esos oscuros episodios de la capital norteamericana, donde los dosieres para derribar a candidatos abundan en tiempo electoral.

Durante las primarias

La información desvelada por «The Washington Post» detalla que en abril de 2016, en medio del proceso de primarias de los partidos para elegir candidato, Marc E. Elias, abogado de Hillary Clinton, contrató a la sociedad Fusion GPS para investigar la posible conexión de Trump con el Gobierno ruso. Por aquel entonces, el magnate neoyorquino, que encabezaba con holgura la batalla por la candidatura presidencial, ensalzaba una y otra vez a Putin, lo que le granjeaba duras críticas de sus rivales republicanos. La noticia del periódico washingtoniano confirma el interés que ya existía entonces por derribar al sorprendente «outsider» dentro de su propio partido, al asegurar que Fusion GPS había sido fundada meses antes por un destacado republicano antiTrump, precisamente para investigar a quien ya suponía en aquel momento una amenaza para el establishment conservador. No ha trascendido el nombre del promotor de la sociedad, pero, durante meses, distintas fuentes conservadoras en el Congreso habían señalado tanto el origen republicano de la sociedad como la posterior contratación a cargo de la campaña de Clinton. Extremo que el abogado contratado por Hillary negó de forma insistente a los periodistas que investigaban el asunto.

Durante sus meses de trabajo para Elias, que contrató a Steele a través de su bufete, Perkins Coie, el exagente británico compartió con el letrado de Clinton diversa información, además de la que recopiló en el célebre dosier. Aunque no han trascendido los datos exactos que la entonces candidata demócrata llegó a tener en su poder,para ser usados contra su rival Trump. Tampoco se sabe con precisión el dinero que percibió el exagente de la Inteligencia británica por su trabajo, pero sí lo que percibió el despacho de Elias por todos los servicios para los que fue contratado. De la campaña de Hillary recibió 5,6 millones de dólares entre los meses de junio y diciembre de 2016. El Comité Nacional Demócrata, el órgano de dirección del partido, le abonó 3,6 millones, para un periodo que se había iniciado en noviembre de 2015 y en concepto de «asesoramiento legal».

La indagación de Comey

Pese a las dudas sobre la autenticidad de los datos que obraban en su poder, el FBI terminó contratando a Steele una vez concluyó la campaña electoral. El exespía británico había rescindido su contrato al finalizar octubre de 2016, muy poco antes de la elección presidencial, que tendría lugar el 8 de noviembre.

La Oficina Federal de Investigación, entonces dirigida por James Comey, pretendía aprovechar el trabajo del exagente británico en su búsqueda de conexiones del entonces presidente electo con el Kremlin. Comey sería destituido después por el nuevo presidente precisamente por investigarle, en un movimiento que puede ser usado en su contra. Pero la publicación de su nombre en los periódicos, cuando dieron cuenta de la existencia del dosier, llevó meses después al FBI a prescindir de los servicios de Steele.

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