Estados Unidos y Corea del Sur refuerzan su alianza para hacer frente a la amenaza de Kim Jong-un, quien ha anunciado una «operación militar» en el Océano Pacífico. El secretario de Defensa estadounidense, Jim Mattis, recibió este miércoles en el Pentágono a su homólogo surcoreano, Song Young-moo, quien luego se reunió con el consejero de Seguridad de la Casa Blanca, H.R. McMaster. Según informa la agencia surcoreana de noticias Yonhap, todos ellos abogaron por ejercer la diplomacia y la presión de las sanciones internacionales para frenar el desafío de Corea del Norte, que el martes disparó un misil que sobrevoló Japón.

Pero no descartaron una opción militar para detener al régimen estalinista de Pyongyang. En un comunicado emitido por el Ministerio de Defensa surcoreano, Mattis y Song enfatizaron que «simultáneamente, las opciones militares fuertes, efectivas y fiables mejorarán los esfuerzos diplomáticos». Preguntado por los periodistas, Mattis señaló que «nunca estamos fuera de las soluciones diplomáticas», una afirmación que contradecía a su jefe. Horas antes, el presidente Trump había escrito en Twitter, su altavoz favorito, que «hablar no es la solución» con Corea del Norte.

Con el fin de blindarse frente a las provocaciones de Kim Jong-un, Seúl quiere doblar la carga máxima de sus proyectiles balísticos hasta una tonelada y dotarse de submarinos nucleares, mientras que Washington planea desplegar otros cuatro escudos antimisiles en territorio surcoreano. A pesar de la fuerte oposición popular, el Pentágono ya ha empezado a instalar a unos 300 kilómetros al suroeste de Seúl su sofisticado sistema defensivo THADD (acrónimo en inglés de Terminal High Altitude Area Defense), en teoría capaz de interceptar los cohetes norcoreanos en pleno vuelo.

Además, ambas partes empezaron a discutir la transferencia a Seúl del mando operativo de las tropas surcoreanas en caso de guerra, que sigue bajo el control de Washington. A tenor de la fuente diplomática citada por Yonhap, Song incluso planteó la posibilidad de volver a desplegar armas nucleares tácticas en Corea del Sur, que fueron retiradas por EE.UU. a principios de los 90. Una opción que no parece demasiado probable porque elevaría aún más la tensión atómica en la Península de Corea y se encontraría un serio rechazo popular, así como de China y Rusia.

Sí resulta más factible, en cambio, que Corea del Sur pueda construir submarinos nucleares para contrarrestar la capacidad del Norte de lanzar misiles desde sus propios sumergibles bajo el agua. «Aquí en Washington somos muy conscientes de que Corea del Sur está en primera línea del frente y no podemos ser complacientes. Con el fin de mantener nuestra alianza firme en estos tiempos, debemos seguir profundizando en nuestra relación militar, construida sobre el alto nivel de confianza que existe en nuestros países», señaló Mattis.

Era la primera vez que se reunía con el ministro de Defensa surcoreano, Song Young-moo, desde que este tomó posesión de su cargo en julio. En el poder tras ganar las elecciones de mayo, la nueva Administración liberal del presidente Moon Jae-in ha dado un giro radical a su política con Corea del Norte: de abogar por la distensión al principio ha pasado a endurecer su discurso militar. A este cambio han contribuido las constantes bravuconadas de Kim Jong-un, que ha ordenado trece pruebas de misiles este año, siete de ellas desde que Moon juró el cargo.

En la última de ellas, Pyongyang incluso se atrevió a disparar un proyectil que pasó sobre el norte de Japón, algo que antes solo había hecho en 1998 y 2009. Dicho misil, un Hwasong-12 de rango intermedio, recorrió unos 2.700 kilómetros antes de estallar al este del archipiélago nipón, sobre el Océano Pacífico. Pero, según un informe del Ministerio de Defensa surcoreano presentado al Parlamento, podía alcanzar entre 4.500 y 5.000 kilómetros porque fue disparado a la mitad de su rango de alcance.

Con dicho ensayo balístico, Corea del Norte quiere dejar claro que puede golpear la isla estadounidense de Guam, que ha vuelto a poner en su punto de mira porque alberga una de las bases militares más importantes del Pentágono en el Pacífico.

Coincidiendo con el fin este jueves de las maniobras militares de verano entre Corea del Sur y Estados Unidos, en las que han participado unos 80.000 soldados, Pyongyang ha vuelto a amenazar a Japón con su inminente destrucción por aliarse con la Casa Blanca. La tensión está lejos de relajarse en Asia.