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China refuerza la frontera con Corea del Norte tras su ensayo nuclear

Con numerosos controles de la Policía Militar china en las carreteras y los soldados patrullando fusil en ristre, la tensión se palpa en Dandong, principal frontera con Corea del Norte, tras el último ensayo nuclear de Kim Jong-un. Junto a sus continuos lanzamientos de misiles, esta nueva provocación ha deteriorado aún más las relaciones entre ambos países, unidos por su histórica alianza comunista desde que Mao Zedong acudiera en ayuda de Kim Il-sung, el abuelo del actual dictador, durante la Guerra de Corea (1950-53).

De aquella época queda una unión «forjada en sangre» que recuerdan los monumentos militares que pueblan Dandong, así como el puente roto sobre el río Yalu, bombardeado por Estados Unidos durante aquella contienda. A su lado, otro puente de hierro construido durante la ocupación japonesa es el cordón umbilical que mantiene con vida al régimen estalinista de Pyongyang.

Dos tercios del comercio entre China y Corea del Norte, que se estima en unos 5.000 millones de euros anuales, pasan por este puente de un solo carril para coches y camiones y una vía del tren.

Al tiempo que menguaba su comercio bilateral por las sanciones de Naciones Unidas contra el régimen de Kim Jong-un, que han cortado sus exportaciones de carbón, hierro, plomo y marisco, Pekín ha reforzado su vigilancia militar en la frontera por la creciente inestabilidad. En junio, el Ejército Popular de Liberación anunciaba las patrullas de una «nueva brigada fronteriza defensiva» y una «videovigilancia las 24 horas» con vehículos militares, drones y cámaras de alta definición.

China se blinda así ante el temor a una hipotética intervención militar de Estados Unidos contra Pyongyang, que el presidente Donald Trump no ha descartado.

El Ejército chino endurece sus controles para frenar el paso de los desertores que huyen del régimen norcoreano

Pero, más allá de esta posibilidad, altamente improbable porque desataría una carnicería en Corea del Sur y Japón, el Ejército chino endurece sus controles de fronteras para frenar el paso de los desertores que huyen del régimen norcoreano y de los contrabandistas que cruzan en busca de mercancías, que luego venden en su país. Mientras Pekín devuelve por una parte a los desertores que atrapa, por la otra presiona a la incipiente economía de mercado que, tímidamente y a través de sobornos, se va abriendo paso en Corea del Norte gracias a todos los productos que vienen de China.

«La situación ha empeorado mucho desde hace un par de años y los dos países están ahora enfrentados», cuenta una empresaria de Dandong, que prefiere ocultar su identidad. En su opinión, «la economía local ya no es tan boyante como antes por la creciente tensión militar provocada por las pruebas nucleares y de misiles de Kim Jong-un».

A pesar de sus quejas, los turistas chinos siguen acudiendo en masa a Dandong, sobre todo en verano, atraídos por el morboso interés que despierta la misteriosa y hermética Corea del Norte. En una especie de safari humano, un sinfín de barcos y lanchas ofrecen travesías por el río Yalu que se acercan a pocos metros de la costa norcoreana para ver cómo es la vida allí.

Contraste entre orillas

Tal y como comprobó ayer este corresponsal a bordo de una de estas lanchas, el contraste ambas orillas no puede ser mayor. Mientras la parte china es un trasiego de coches y autobuses de turistas camino del cercano tramo de la Gran Muralla en Hushan, en la norcoreana solo se ve un jeep militar y unas cuantas bicicletas, ya que casi todo el mundo va a pie de un lado para otro acarreando fardos.

En el río, las mujeres lavan la ropa bajo la mirada atenta de los guardias fronterizos que vigilan desde las garitas, quienes no dudan en apuntar con sus rifles cuando se percatan de que son el objetivo de las cámaras de fotos. A su alrededor, famélicos campesinos harapientos trabajan en unas marchitas plantaciones de maíz.

Mientras tanto, en la parte china se suceden exuberantes granjas de melocotones que, desparramados por el suelo, se venden en puestos a lo largo de toda la carretera. Frente a las obras incesantes en la orilla china, las humildes casas y bloques de Corea del Norte se arraciman alrededor de astilleros herrumbrosos y fábricas decrépitas de chimeneas humeantes que, con los cristales rotos y las paredes derruidas, amenazan con venirse abajo.

Hambre y oscuridad

Más allá del escaparate de Pyongyang, con sus desfiles multitudinarios y sus rascacielos retrofuturistas, así es la verdadera Corea del Norte. Un país que se gasta una millonada en bombas atómicas y misiles para blindar al régimen de Kim Jong-un mientras su sufrido pueblo apenas tiene para comer.

Al caer la noche, los neones de color refulgen en los rascacielos que han proliferado en el centro de Dandong. Al otro lado, la oscuridad engulle a Corea del Norte.

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